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Called to the Feast: The Heart of a True Disciple

by Zoraya Garcia, Pastoral Assistant  |  10/11/2026  |  This Sunday's Reading

In Matthew 22:1–14, Jesus compares the Kingdom of Heaven to a wedding feast prepared by a king. The invitation is generous, but many of those invited choose not to come. They become distracted by their own lives, their possessions, their responsibilities, and their personal priorities. Others accept the invitation, but one guest arrives without the proper wedding garment. This Gospel invites us to look deeper into what it means to be a true disciple of Christ.

God has invited each of us to His feast. Through Baptism, we have been called to belong to Christ and to participate in His mission. But discipleship is more than simply attending Mass or calling ourselves Christians. A true disciple responds to God's invitation with a heart willing to be changed, to follow, and to serve. The wedding garment represents the life we are called to put on in Christ. It is a heart clothed with faith, humility, obedience, compassion, forgiveness, and love. We cannot truly accept God's invitation while refusing to let Him change the way we live. A true disciple asks not only, “What can God do for me?” but also, “Lord, how can I serve You?” Serving God does not always require doing something extraordinary. We serve Him when we patiently care for our family, when we forgive someone who has hurt us, when we help someone in need, when we volunteer, when we encourage another person, and when we use our gifts to build up the Church and our community. Sometimes God invites us to serve when we feel tired, uncomfortable, or unprepared. A true disciple does not wait for the perfect moment. Instead, he or she says, “Yes, Lord. Here I am. Use me.” The Lord's invitation is before us every day. The question is not whether we have been invited— we have. The question is whether we are willing to answer the invitation with our whole life.

A True Disciple This Week

Ask yourself: Am I only receiving from God, or am I also giving myself in service to Him? This week, choose one concrete way to serve God through another person. Do something without expecting recognition or thanks. Let your actions become your response to God's invitation. A true disciple does not simply accept the invitation to the feast. A true disciple comes dressed in Christ's love and is willing to serve.

“Many are invited, but few are chosen.” — Matthew 22:14


Llamados Al Banquete: El Corazón De Un Verdadero Discípulo

Llamados al banquete: El corazón de un verdadero discípulo En Mateo 22, 1-14, Jesús compara el Reino de los Cielos con un banquete de bodas preparado por un rey. La invitación es generosa, pero muchos de los invitados deciden no asistir. Se dejan distraer por sus propias vidas, sus posesiones, sus responsabilidades y sus prioridades personales. Otros aceptan la invitación, pero un invitado llega sin el traje de boda adecuado. Este Evangelio nos invita a profundizar en lo que significa ser un verdadero discípulo de Cristo.

Dios nos ha invitado a cada uno de nosotros a su banquete. Por medio del Bautismo, hemos sido llamados a pertenecer a Cristo y a participar en su misión. Pero el discipulado es más que simplemente asistir a Misa o llamarnos cristianos. Un verdadero discípulo responde a la invitación de Dios con un corazón dispuesto a dejarse transformar, a seguirle y a servirle. El traje de boda representa la vida que estamos llamados a revestir en Cristo. Es un corazón revestido de fe, humildad, obediencia, compasión, perdón y amor. No podemos aceptar verdaderamente la invitación de Dios si nos negamos a dejar que Él transforme nuestra manera de vivir. Un verdadero discípulo no solo pregunta: ¿Qué puede hacer Dios por mí?, sino también: Señor, ¿cómo puedo servirte?.Servir a Dios no siempre requiere hacer algo extraordinario. Le servimos cuando cuidamos con paciencia a nuestra familia, cuando perdonamos a quien nos ha hecho daño, cuando ayudamos a alguien necesitado, cuando hacemos voluntariado, cuando animamos a otra persona y cuando usamos nuestros dones para edificar la Iglesia y nuestra comunidad. A veces, Dios nos invita a servir cuando nos sentimos cansados, incómodos o sin preparación. Un verdadero discípulo no espera el momento perfecto. Más bien, dice: Sí, Señor. Aquí estoy. Úsame. La invitación del Señor está ante nosotros cada día. La pregunta no es si hemos sido invitados; ya lo hemos sido. La pregunta es si estamos dispuestos a responder a la invitación con toda nuestra vida.

Un Verdadero Discípulo Esta Semana

Pregúntate:¿Solo recibo de Dios o también me entrego a Su servicio? Esta semana, elige una forma concreta de servir a Dios a través de otra persona. Haz algo sin esperar reconocimiento ni agradecimiento. Que tus acciones sean tu respuesta a la invitación de Dios. Un verdadero discípulo no se limita a aceptar la invitación al banquete. Un verdadero discípulo acude revestido del amor de Cristo y dispuesto a servir.

Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos». — Mateo 22:14

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