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Great is Your Faith

by Fr. Michael D. Accinni Reinhardt, MA, Mdiv, MS  |  08/16/2026  |  Pastoral Corner

We have come to understand that Ordinary Time brings us a great opportunity to delve into some of the foundational principles of our faith.

This stretch of Ordinary Time is long and takes us all the way to Advent. Here, before us, we unfold the public ministry of Jesus through his encounters with people, his parables, and his miracles.

We learn quite well that Jesus sets us up for success; he wants us to receive in abundance what is good, even if it is the leftovers that fall from the table for dogs to eat.

The Canaanite woman today reminds us that we are to go to God with our hands wide open, confident that He provides to us not so much what we want, but what we need. It requires of us to be faithfully steadfast in His word, to believe what He says, and ultimately receive it.

Where Jesus is about to do something wonderful, especially by healing someone, Sacred Scriptures will reveal His state of mind and heart: that He was moved with pity, had great compassion, and had the purpose to say, " Woman, go; your faith had healed you; your faith moved you to a different place of conversion.

Conversion is a necessary part of a life in Christ; the Christian must anyway be moving toward deeper conversion. Such levels of conversion require us to admit our faults, to self-reconciliation with those we hurt or who hurt us, and not to stonewall.

Today more than ever, estrangement has become rampant. Christ does not call us to division. He does not call a family to be estranged, but to be healed.

Lord, I am not worthy to receive you but only say the word that my soul may be healed. That’s it. To recognize our brokenness breaks animosity and anger because we know we are far from perfect, so never come off as if we are. We are all in need of a Savior; how might we better respond to His presence, His touch, His healing, knowing His intentions for us are to make us complete?

The Remedy is always seeking reconciliation and forgiveness through compassion.


Grande es Tu Fe

Hemos llegado a comprender que el Tiempo Ordinario nos brinda una gran oportunidad para profundizar en algunos de los principios fundamentales de nuestra fe.

Este periodo del Tiempo Ordinario es extenso y nos conduce hasta el Adviento. Ante nosotros se despliega el ministerio público de Jesús a través de sus encuentros con las personas, sus parábolas y sus milagros.

Aprendemos bien que Jesús nos prepara para el éxito; Él desea que recibamos en abundancia lo que es bueno, incluso si se trata de las migajas que caen de la mesa para los perros.

La mujer cananea nos recuerda hoy que debemos acudir a Dios con las manos abiertas, confiados en que Él nos provee no tanto lo que queremos, sino lo que necesitamos. Esto nos exige mantenernos fieles y firmes en su palabra, creer lo que Él dice y, finalmente, acogerlo.

Cuando Jesús está a punto de realizar algo maravilloso, especialmente al sanar a alguien, las Sagradas Escrituras revelan su estado de ánimo y de corazón: se conmovió, sintió gran compasión y tuvo el propósito de decir: "Mujer, vete; tu fe te ha sanado; tu fe te ha llevado a un lugar distinto de conversión".

La conversión es una parte necesaria de la vida en Cristo; el cristiano debe avanzar siempre hacia una conversión más profunda. Tales niveles de conversión requieren que reconozcamos nuestras faltas, que busquemos la reconciliación con aquellos a quienes hemos herido o que nos han herido, y que no levantemos muros de obstinación.

Hoy más que nunca, el distanciamiento se ha extendido enormemente. Cristo no nos llama a la división. No llama a la familia a estar distanciada, sino a ser sanada.

Señor, no soy digno de recibirte, pero di una palabra y mi alma será sanada. Así de sencillo. Reconocer nuestra propia fragilidad disipa la animosidad y la ira, pues sabemos que estamos lejos de ser perfectos y, por tanto, nunca aparentamos serlo. Todos necesitamos un Salvador; ¿cómo podríamos responder mejor a su presencia, a su toque y a su sanación, sabiendo que sus intenciones para nosotros son hacernos personas plenas?

El remedio consiste siempre en buscar la reconciliación y el perdón a través de la compasión.

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