wheat

Seeds of Ordinary Time

by Fr. Michael D. Accinni Reinhardt, MA, Mdiv, MS  |  07/19/2026  |  Pastoral Corner

How can God work with an unconfessed heart? He can’t! How can He grow us in faith? God can work with only the willing, let that sink in. How willing are you?

Ordinary Time never disappoints, as we can contemplate some of the most foundational aspects of our faith as Catholics.

We have now turned our attention toward managing the seeds that we sow, and our desire to maintain a direct focus on Christ, and to realize that the Gospel of Mathew today unfolds for us three distinct lessons.

  1. We learn that as wheat that is planted in the field with purpose, we too must be sustained to grow until the proper time. We are called to maintain our surroundings for growth, even when evil influences come and
  2. germinate weeds amongst us, we manage to be sustained despite adversity. Satan’s purpose is to destroy; God’s purpose is to build and bless. People who are out to destroy or who are vindictive do nothing to build, because they do so from a wounded place. This is why as people of faith we must choose the side of the fence we belong. Someone wise once said the fence line is the Devil’s domain, and it’s true because one can never sit on the fence and still manage to be an authentic disciple. I’d imagine the fence line at least for the Christian, is also electrified and would destroy us by sitting on it. Jesus has said you are no good to me if you are lukewarm.
  3. We see that the Kingdom of God is meant to be magnified by our place and role in it. Like a mustard seed as small as it is, it has remarkable potential for what God has destined it to be in a larger-than-life kind of way!

Where is your destiny, how are you living now? What are the awakenings in our own lives that give way to the Kingdom of God, namely our process of deeper conversion and move toward the developed and more mature spiritual life. We know our rootedness by where our hearts lead us, and the things that take up our interests, our intentions, our time, and the very lives we live. A sure sign as to the path we lead is to know what or who we encounter along the way, and how such experiences point to the deeper faith life or not. Where are we now in our spiritual development and maturity? It’s amazing how much we may grow at times, but it can also be perplexing at how stagnant we become too. We must take care to avoid stagnation. Sometimes we get stuck and do not see the potential of the mustard seed. We think we know it all, we have all the answers, and Jesus must be talking to anyone else but me. We do not see God’s desired potential for us for growth. In adulthood we are often still left with fragments of unresolved woundedness from our youth, that make us the perpetual mean schoolgirls, the bullies of childhood and adulthood, or the angry man on the road, raging down the highway. People do the strangest things when they are hurt and are unhealed. The potential of the mustard seed is lost in their demise, and unwillingness to see the beauty in what God can change even in ourselves. Forgiveness then is where the growth leads us because if impatience, self-centeredness, narcissistic tendencies, judgement, fear, gossip, hate, prejudice, sloth, or any such sin displaces us for God’s sight, our spiritual maturity is the only thing that will get us back on track. Our second reading makes it clear that the Holy Spirit, if we are open to Him, is the catalyst and the Great Motivator that brings us to our knees in prayer and confession. How can God work with an unconfessed heart? He can’t!

To have faith as a mustard seed is know our potential and that God can do anything as His possibilities are endless and always seeks to build and not destroy. Pay attention to the side of the fence you are on, and if you are sitting on the fence, you better jump!

Seek Authenticity.


Semillas del Tiempo Ordinario

¿Cómo puede Dios obrar en un corazón que no se confiesa? ¡No puede! ¿Cómo puede hacernos crecer en la fe? Dios solo puede obrar con aquellos que están dispuestos; reflexiona bien sobre esto. ¿Qué tan dispuesto estás tú?

El Tiempo Ordinario nunca defrauda, ya que nos permite contemplar algunos de los aspectos fundamentales de nuestra fe católica.

  1. Ahora dirigimos nuestra atención a cómo cuidamos las semillas que sembramos y a nuestro deseo de mantener la mirada fija en Cristo, reconociendo que el Evangelio de Mateo nos presenta hoy tres lecciones distintas. Aprendemos que, al igual que el trigo sembrado en el campo con un propósito, nosotros también necesitamos ser sostenidos para crecer hasta el momento oportuno. Estamos llamados a cuidar nuestro entorno para favorecer el crecimiento; incluso cuando surgen influencias malignas que hacen germinar la cizaña entre nosotros, debemos lograr mantenernos firmes a pesar de la adversidad. El propósito de Satanás es destruir; el de Dios, construir y bendecir. Quienes buscan destruir o actúan con afán de venganza no construyen nada, pues lo hacen desde una herida interior. Por eso, como personas de fe, debemos elegir de qué lado de la cerca queremos estar. Alguien sabio dijo una vez que la línea de la cerca es territorio del Diablo, y es verdad: uno no puede quedarse sentado en la cerca y ser, al mismo tiempo, un discípulo auténtico. Imagino que, para el cristiano, esa cerca está electrificada y sentarse en ella nos destruiría. Jesús ha dicho que no le servimos de n ada si somos tibios.
  2. Vemos que el Reino de Dios debe magnificarse a través del lugar y el papel que ocupamos en él. Al igual que la semilla de mostaza —por pequeña que sea—, nosotros poseemos un potencial extraordinario para llegar a ser aquello que Dios ha destinado para nosotros, algo que trasciende toda medida humana. ¿Dónde está tu destino? ¿Cómo vives ahora? ¿Qué acontecimientos en nuestras vidas dan paso al Reino de Dios? Me refiero a nuestro proceso de conversión profunda y a nuestro avance hacia una vida espiritual más madura y desarrollada. Sabemos dónde están nuestras raíces según hacia dónde nos guía el corazón y según aquello que ocupa nuestros intereses, nuestras intenciones, nuestro tiempo y nuestra propia vida. Un indicador claro del camino que seguimos es saber qué o a quién encontramos en nuestra trayectoria, y cómo tales experiencias apuntan —o no— hacia una vida de fe más profunda. ¿En qué punto nos encontramos ahora respecto a nuestro desarrollo y madurez espirituales? Es asombroso cuánto podemos crecer a veces, pero también resulta desconcertante ver cómo nos estancamos. Debemos procurar evitar ese estancamiento. A veces nos bloqueamos y no vemos el potencial de la semilla de mostaza. Creemos saberlo todo, tener todas las respuestas, y pensamos que Jesús debe estar hablándole a cualquier otra persona menos a nosotros. No logramos ver el potencial de crecimiento que Dios desea para nosotros. En la edad adulta, a menudo cargamos con fragmentos de heridas no sanadas de nuestra juventud; esto nos convierte en aquellas chicas crueles de la escuela, en los acosadores de la infancia y la adultez, o en el hombre iracundo que descarga su furia mientras conduce por la carretera. Las personas hacen cosas extrañas cuando están heridas y no han sanado. El potencial de la semilla de mostaza se pierde en su decadencia y en su negativa a ver la belleza de lo que Dios puede transformar, incluso en nosotros mismos.
  3. El perdón es, pues, el destino al que nos conduce el crecimiento; porque si la impaciencia, el egocen- trismo, las tendencias narcisistas, el juicio, el miedo, el chisme, el odio, los prejuicios, la pereza o cualquier pecado similar nos apartan de la mirada de Dios, nuestra madurez espiritual será lo único capaz de devolvernos al buen camino. Nuestra segunda lectura deja claro que el Espíritu Santo —si nos abrimos a Él— es el catalizador y el gran motivador que nos lleva a ponernos de rodillas en oración y confesión. ¿Cómo puede Dios obrar en un corazón que no se ha confesado? ¡No puede!

Tener fe como la semilla de mostaza significa conocer nuestro potencial y saber que Dios puede hacerlo todo, pues sus posibilidades son infinitas y Él siempre busca construir, no destruir. Presta atención a qué lado de la cerca te encuentras; y si estás sentado sobre ella, ¡más vale que saltes.

Busca la autenticidad.

BACK TO LIST