
“Who Do You Say That I Am?”
by Zoraya Garcia, Pastoral Assistant | 08/23/2026 | This Sunday's ReadingJesus asks His disciples one of the most important questions in the Gospel: “Who do you say that I am?” This question is not only directed to Peter and the other disciples. Jesus asks it of each one of us today. The disciples had heard many opinions about Jesus. Some people thought He was John the Baptist, Elijah, Jeremiah, or one of the prophets. They recognized that Jesus was a special man sent by God, but they did not fully understand who He truly was.
Jesus then makes the question personal: “But who do you say that I am?” Peter answers with courage and faith: “You are the Christ, the Son of the living God.” Peter recognizes Jesus as the Messiah, the One sent by God to save His people. His answer is more than a statement of belief; it is a profession of faith and the beginning of a deeper commitment to follow Christ. A True Disciple Knows Jesus. Being a true disciple begins with knowing who Jesus is. We cannot truly follow someone whom we do not know. A disciple takes time to pray, to listen to God's Word, to participate in the Sacraments, and to grow in a personal relationship with Christ. It is easy to say that we believe in Jesus, but discipleship asks for more than words. Jesus calls us to allow our faith to transform our lives. Knowing Christ means learning to think as He thinks, love as He loves, forgive as He forgives, and serve as He serves. A true disciple does not follow Jesus only when life is easy. A true disciple remains faithful during difficult moments, trusting that God is present even when we cannot understand His plan. A true disciple is willing to follow... Peter's profession of faith was only the beginning. Jesus was preparing him for a mission. Peter would become a leader among the apostles and would help guide the early Church. This reminds us that every disciple has a mission. God has given each of us gifts, responsibilities, and opportunities to serve. We do not have to be famous or have an important position to be disciples. We can serve Christ through our families, our parish, our workplace, our friendships, and our daily acts of kindness. Sometimes discipleship means volunteering. Sometimes it means encouraging someone who is struggling. Sometimes it means forgiving someone who has hurt us. Sometimes it means having the courage to defend our faith or simply living our Catholic faith faithfully when others may not understand. A True Disciple Puts Christ First Jesus' question, “Who do you say that I am?”, also challenges us to look at our priorities. If Jesus is truly the center of our lives, our decisions should reflect our faith. We should ask ourselves: Does the way I speak reflect Christ? Does the way I treat others reflect Christ? Do my choices show that I trust God? Am I willing to put God before my own comfort and desires? Being a disciple does not mean being perfect. Peter himself would make mistakes and even deny Jesus during His Passion. Yet Jesus continued to call Peter, forgive him, and use him for His mission. This gives us hope. Being a true disciple does not mean that we will never fall. It means that when we fall, we return to Christ. We allow Him to forgive us, strengthen us, and help us begin again. (ZG)
"¿Quién Dicen Ustedes Que Soy Yo?"
Jesús hace a sus discípulos una de las preguntas más importantes del Evangelio: «¿Quién dicen ustedes que soy yo?». Esta pregunta no va dirigida únicamente a Pedro y a los demás discípulos; Jesús se la plantea hoy a cada uno de nosotros. Los discípulos habían escuchado muchas opiniones sobre Jesús. Algunos pensaban que era Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Reconocían que Jesús era un hombre especial enviado por Dios, pero no comprendían plenamente quién era en realidad.
Entonces, Jesús personaliza la pregunta: «Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro responde con valentía y fe: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Pedro reconoce a Jesús como el Mesías, el enviado de Dios para salvar a su pueblo. Su respuesta es más que una declaración de creencias; es una profesión de fe y el comienzo de un compromiso más profundo de seguir a Cristo. Un verdadero discípulo conoce a Jesús. Ser un verdadero discípulo comienza por saber quién es Jesús. No podemos seguir verdaderamente a alguien a quien no conocemos. Un discípulo dedica tiempo a la oración, a escuchar la Palabra de Dios, a participar en los s acramentos y a cultivar una relación personal con Cristo. Es fácil decir que creemos en Jesús, pero el discipulado exige más que palabras. Jesús nos llama a permitir que nuestra fe transforme nuestras vidas. Conocer a Cristo significa aprender a pensar como Él piensa, amar como Él ama, perdonar como Él perdona y servir como Él sirve. Un verdadero discípulo no sigue a Jesús solo cuando la vida es fácil. Un verdadero discípulo permanece fiel en los momentos difíciles, confiando en que Dios está presente incluso cuando no podemos comprender su plan. Un verdadero discípulo está dispuesto a seguir... La profesión de fe de Pedro fue solo el comienzo. Jesús lo estaba preparando para una misión. Pedro llegaría a ser un líder entre los apóstoles y ayudaría a guiar a la Iglesia primitiva. Esto nos recuerda que todo discípulo tiene una misión. Dios nos ha dado a cada uno dones, responsabilidades y oportunidades para servir. No necesitamos ser famosos ni ocupar un cargo importante para ser discípulos. Podemos servir a Cristo a través de nuestras familias, nuestra parroquia, nuestro lugar de trabajo, nuestras amistades y nuestros actos cotidianos de bondad. A veces, el discipulado implica hacer voluntariado. A veces significa animar a alguien que está pasando por dificultades. A veces significa perdonar a quien nos ha hecho daño. A veces significa tener la valentía de defender nuestra fe o, simplemente, vivir nuestra fe católica con fidelidad cuando otros tal vez no la comprendan. Un verdadero discípulo pone a Cristo en primer lugar. La pregunta de Jesús: «¿Quién decís que soy yo?», también nos desafía a examinar nuestras prioridades. Si Jesús es verdaderamente el centro de nuestra vida, nuestras decisiones deben reflejar nuestra fe. Deberíamos preguntarnos: ¿Refleja a Cristo mi forma de hablar? ¿Refleja a Cristo mi manera de tratar a los demás? ¿Demuestran mis decisiones que confío en Dios? ¿Estoy dispuesto a anteponer a Dios a mi propia comodidad y a mis propios deseos?Ser discípulo no significa ser perfecto. El propio Pedro cometió errores e incluso negó a Jesús durante su Pasión. Sin embargo, Jesús siguió llamando a Pedro, perdonándolo y utilizándolo para su misión. Esto nos da esperanza. Ser un verdadero discípulo no significa que nunca caeremos; significa que, cuando caemos, volvemos a Cristo. Permitimos que Él nos perdone, nos fortalezca y nos ayude a empezar de nuevo. (ZG)
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